No. No vale la pena irse, anunciando retirada, una ausencia con argumentos falaces y débiles. Es mejor marcharse, estar ya lejos cuando se pregunten por uno y no preguntarse cada quince pasos si se preguntarán por uno, mejor no preguntarse. No vale la pena hablar de bloqueos mentales, de proyectos absorventes, de disculpas lastímeras que no creerá nadie. Mejor regresa cuando traigas algo entre las manos que mostrarle a aquellos que pasen por tu casa el día que regreses. No te preguntes, espera al día idóneo en que tus pasos retornan al rumbo inicial y pisan sus propias huellas en sentido inverso. Llegar a casa y abrir la puerta, esperar sentado en la sala o en el comedor a que alguien toque el timbre. “Pasé hace un par de días y vi las luces apagadas, el césped sin cortar y la basura decorando la banqueta. ¿No estabas? ¿O sólo era flojera de salir?” Un poco de todo, pero en realidad es que me fuí. No estuve por acá el suficiente tiempo como para olvidar que tengo casa y que de vez en cuando un par de personas pasan y se preguntan en qué andaré que ya ni me dejo ver.”Entonces te fuiste. ¿A dónde? ¿Me trajiste algo?” Siento decepcionarte, sólo regresé por un par de tennis nuevos para continuar caminando, ahora hacia otro rumbo, no sé a dónde. Sólo te traje el aviso de que aquí estuve, por si llegabas y lo encontrabas. De no haber pasado por aquí, no habrías encontrado más que una pared y unas ventanas a oscuras. Hubieras encontrado mi ausencia llana. “¿De qué huyes?” No huyo, sólo me fuí, hay más cosas en este mundo que estas cuatro paredes. Ahora, acompáñame a la puerta, voy de salida, ha sido un placer encontrarte y ver tu rostro. Nos veremos luego, cuando tenga que ser. Nos veremos. “Oye, pero no vale la pena irse, anunciando retirada…” Tengo argumentos. Y sí, son falaces y débiles. Pero el argumento no me impide. Nos vemos pronto.
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En su libro “El culto a la información. El floclore de los ordenadores y el verdadero arte de pensar” 
