Con ganas de:
soltar las riendas del recuerdo: dejarlo huir;
darle forma a lo que secretamente practicábamos: ojos cerrados, corazones despiertos;
guardar en terciopelo carmesí tus últimos besos verdaderos y abrir el puño ocasionalmente;
escribir eternamente que te quiero,
que te he olvidado,
que soy libre,
que no es cierto,
que me duermo esperando el momento justo en que la imagen de tu rostro desaparezca
y me de paso a la serenidad de la sapiencia febril del desconcierto.

Con ganas de todo y nada
(Más de todo, que de nada).

Con ganas de cubrirme el rostro
-nuevamente-
de lágrimas, tierra y de tus besos.
Con ganas de conocerte,
decir tu nombre tres veces e invocarte;
dibujar tu rostro en el aire y besar tu aérea mejilla tierna;
ganas de morderte para saberte real, tangible y comestible:
mi instinto antropófago me pide comerte y beberte;
mi cruel raciocinio me pide conocer antes
-al menos-
tu nombre, tu rostro, tu sabor o tu aroma.

¿cuál dijiste que era tu nombre?


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