———————–
Ante la poca respuesta, aún, a lo que en la entrada anterior propinía, les dejo aquí lo que yo he podido sacar un domingo por la tardenoche en un cafecito del centro de Mérida. Nos vemos.
———————–
guárdame
en ese cofrecito sonrojado que en tu pecho respira;
en aire
me paseo bajo tu piel
sobre tu carne,
desvanecerme
como caricia húmeda
-pétalo de sangre-
ser
un día de estos
sudor corriendo
en tus contornos quebrándose
y morir
discretamente
una noche de luna
tu habitación a oscuras
y mi deseo sublimado.
Eduardo Perezchica 9 de septiembre de 2007
Otras cosas para leer: