AVISO: lo que a continuación se presenta son tan sólo unos apuntes, reflexiones e ideas en torno al curso impartido por Gabriela de la Cruz Flores y Luis Felipe Abreu Hernández, en el marco del IX Congreso Nacional de Investigación Educativa.
¿Qué implica la sociedad del conocimiento? ¿Qué entendemos por conocimiento?
La información no es conocimiento; no son el medio ni el producto explícito (tangible, pero inerte), sino el proceso mismo y el producto tácito: es decir, no sólo aquello que podemos escribir, sino, además y sobretodo, aquello que no podemos escribir: las habilidades, actitudes, los procesos mentales que desarrollamos durante y como producto del logro de un conocimiento.
De la Cruz y Abreu ejemplifican con la metáfora de un iceberg cuánto conocimiento es explícito y cuánto es tácito. Mientras que el conocimiento explícito (lo publicable, de “fácil” distribución) se incrementa a ritmos vertiginosos, ello sólo representa la punta del iceberg pues, nos señala Abreu, “todos sabemos más de lo que podemos escribir“. Ahora bien, nos preguntan, dejando la cuestión en el aire… “¿cómo podemos enseñar lo que no se puede escribir?“. Yo sigo pensando en ello…
Algo de lo que me hice consciente -no es que no lo supiera, sino que quedó de manifiesto-, es que existen preconceptos o “malentendidos” dentro de lo que comprende(mos) como Sociedad del Conocimiento. Me explico: ni la Sociedad de la Información, ni la Sociedad del Conocimiento son producto independiente del desarrollo y boom de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC’s), y aquellos de sus efectos indeseados pero inherentes (plagio, distracciones, pérdida de la calidez humana, supuesta poca socialización, etc.). No es en realidad así, a mi parecer, sino que son procesos que se han dado a la par y recíprocamente se han alimentado. Si reconocemos que tanto la Sociedad de la Información como la Sociedad del Conocimiento existen independientes de la tecnología, aunque potencializados por las posibilidades que ésta brinda, podemos adentrarnos y tomar una postura más productiva e innovadora en cuanto a sus “preceptos”.
Por ello, es necesario distinguir entre las Sociedades de la Información y la del Conocimiento. De una forma breve -incluso simplista- podemos decir que la Sociedad del Conocimiento es un paso más allá de aquel planteamiento donde el poder de los individuos, organizaciones, sociedades y países, radicaría en la cantidad de información que pudieran generar, almacenar y/o procesar, como se menciona en éste artículo de la Wikipedia, donde las TIC’s han sido consideradas como fundamentales dentro de éste proceso. No, la Sociedad del Conocimiento va más allá: no se trata de cuánto poseamos, sino de qué podemos hacer con ello. El conocimiento implica la resolución de problemáticas, la posibilidad de innovar en el cómo hacemos las cosas.
¿Qué conlleva esto para la Educación Superior?
Dentro de las Instituciones de Educación Superior, según ésta perspectiva, será necesario que quienes las conforman, sobre todo sus estudiantes, “afronten problemas reales, relevantes desde el punto de vista científico y socialmente trascendentes“.
Plantean De la Cruz y Abreu, además -objetivo de muchos, logro de pocos-, trascender los espacios áulicos, trascender las disciplinas… no alejarse de ellas, sino incorporarles a otros escenarios a través del “trabajo inter y transdisciplinar, la conformación de redes de trabajo y la construcción de espacios: físicos, virtuales y de colaboración“.
Pero, entonces, la tutoría -como parte medular de la Orientación Educativa en la Educación Superior- ¿cómo puede coadyuvar a la inserción de los futuros profesionistas en la sociedad del conocimiento?
Partamos del Modelo Integrador de la Tutoría, presentado por De la Cruz, García y Abreu (2006) en cuanto a las funciones o roles de la tutoría. No me detendré a explicarlo pues ellos mismos lo han hecho mucho mejor ya. Sólo mencionar las dos funciones o roles que son ejes de la actividad de tutoría: la formación en investigación y la formación profesional, además de los roles de docencia y socialización, de los que se desprenden: el entrenamiento (coaching), la consejería académica, así como el patrocinio académico y el apoyo psicosocial, respectivamente.
La perspectiva que proponen los autores está orientado hacia el cumplimiento de estos roles, conforme la situación específica del centro educativo y considerando los recursos, políticas institucionales y la propia respuesta de los estudiantes. Como tutores u orientadores, nuestros esfuerzos dentro del área de tutorías estarán encaminados, finalmente, conforme el estudiante-profesionista que busquemos formar y el profesionista que el propio estudiante quiera ser.
Entonces, si nuestra intención es que los estudiantes transiten hacia la Sociedad del Conocimiento, nuestros esfuerzos deben, en la medida de lo posible, fomentar y fortalecer aquello que le brinde ésta oportunidad al estudiante.
En lo personal me parece bastante completo el modelo propuesto por De la Cruz, García y Abreu (2006). Durante el propio curso reflexionaba en cuanto a el proceso de tutoría que me ha tocado recibir en mis 8 semestres y medio de vida universitaria…
¿A qué conclusiones llegué? Siento que los departamentos psicopedagógicos y las coordinaciones de tutoría, incluído el tutor asignado, no cumplieron por sí mismos, sino en conjunto y con el apoyo de otros agentes que, intencionalmente o no, sirvieron como tutores momentáneos y específicos en mi formación.
Es decir, algunas de estas funciones las he vivido como procesos alternos, no siempre estructurados, siempre bien intencionados, sí. Pero, como bien sabemos -y eso fue tema recurrente por parte de los participantes en el curso- las situaciones de cada uno de los centros educativos, así como de sus propias visiones e intencionalidades en torno a la tutoría, han marcado el cómo ésta se ha desarrollado. Cierto es también que los trabajos y esfuerzos sobre Tutoría en Educación Superior son recientes. Es aquí que radica la necesidad de reflexionar en torno a ella, con una visión holística, prospectiva, humanista y, sobre todo, con la seriedad debida.
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Por lo pronto son las reflexiones que se acumularon… imagino y espero luego compartirles otras cuantas más en torno a ésta temática.
[…] En cuanto a los atributos de los medios, Gayol retoma lo mencionado por McLuhan al decir que los medios son capaces de extender los sentidos, modificar la consciencia humana e involucrar a los usuarios de una forma distinta. En este sentido, tal como en su momento la tablilla de cera y el punzón de hierro significaron para los griegos una transformación en su lenguaje, actualmente -desde la invención de la cámara fotográfica, la radio, la propia prensa de Gutenberg, hasta más allá de hoy mismo- los medios electrónicos identificados como TIC’s están produciendo transformaciones en el cómo nos involucramos con la información y cómo interactuamos socialmente con aquellos que no están presentes espacio-temporalmente con nosotros. También retoma el caracter de los medios como artefactos culturales, apoyándose en parte en las ideas de Foucault, nos habla de cómo lo real es distinto de lo representado, porque finalmente lo representado es una fotografía, un momento específico y estructurado con un fin determinado. Tiene que ver ello, a su vez, con algunas de las consideraciones que les comentaba ya en torno a la sociedad del conocimiento. […]