Siendo sinceros, compartiendo la sinceridad que Boris Mir plantea al señalar:
“No voy a hablar del informe PISA… porque no lo he leído“
Y no se trata este post de atacar al informe PISA. No se trata de atacar a nadie, sino más bien compartir algunas intervenciones que se han dado en toda esta ola de declaraciones y opiniones pos-evaluación. Una un tanto más de crítica sobre la crítica, otra algo que viene a mi memoria con relación a todo esto y, para terminar, una de carácter cómico. Entonces:
1.- Boris Mir nos comenta algunas de sus impresiones tras leer lo que se dice respecto al “infame”* informe PISA y recalca, resumiendo en estas líneas, su impresión:
“Qué difícil es tratar de apartar las opiniones de los hechos. Qué difícil es separar los sentimientos de los argumentos. Qué difícil es simplificar lo complejo sin caer en la caricatura o en la manipulación. Y sobre todo, qué difícil es comprender, aprender y cambiar.“
2.- José Joaquín Brunner, en su conferencia dictada hace un par de meses (y de la cual compartí mis anotaciones en ésta nota), en el marco del IX CNIE, resaltaba dentro de los pendientes de la investigación educativa (y de quienes formulan las politicas en el área) que:
Se necesita un mayor análisis de los resultados en los exámenes (PISA). Sabemos que estamos mal y en dónde, pero ¿sabemos qué haremos para solucionar o remediar dichas precariedades?
En este sentido, pocas son las revisiones que hagan algo más que un análisis y una crítica, sino que formulen propuestas de acción sustantivas y viables. A la espera estamos.
3.- Buenafuente. Habla un poco acerca del informe PISA, “sus repercusiones y conclusiones” dentro del escenario español. Si bien la referencia es hacia el país ibérico, en muchos de los casos la sátira puede aplicarse a otros países como este desde el que escribo estas líneas: México. Un poco de humor y verdad de a pie:
Por lo pronto, me quedo con estas tres anotaciones al respecto. Pero, a la sazón de estas temáticas, la discusión permanece constante.
* Yo lo llamo infame pues, al parecer, para casi todos los participantes en dicha evaluación -excepto Finlandia, claro- los resultados no terminan de llenarles el ojo y dejan, más que respuestas, una cantidad mayor de dudas y un tanto de conclusiones que no necesitarían por sí mismas un estudio de ésta magnitud para que sepamos que son, hasta cierto punto, ciertas. El hecho es que, además de brindar un poco de indicadores sobre dónde andamos mal, el informe PISA sirve más en muchos de los países para poner la educación en la mesa de discusión pues, ¡ay de nosotros! el mundo se ha dado cuenta de lo que ha sabido siempre y que nosotros, no lo neguemos, hemos sido conscientes desde tiempos inmemoriales.