Cosas curiosas que pasan:
Generalmente me muevo en autobús (aka Camión) de mi casa al servicio, al trabajo, a todos lados. Es algo que, pese a absorver más de mi tiempo y dejarme a expensas de otros, me permite utilizar ese tiempo para actuvidades tan nutritivas como leer un libro, pensar sobre mis actividades diarias, poner atención a ciertos detalles de cómo se comporta la gente en espacios públicos de este tipo (mi postura antropológica pues…) y otras cosas más.
Primordialmente utilizo este tiempo para leer. Durante el último par de años he leído más libros que en toda mi vida, tomando un ritmo de un libro por semana en las mejores épocas, hasta un libro por mes como mínimo cuando no tengo oportunidad de más. En estas temporadas no contemplo los 4 meses que viví y estudié de intercambio en Mérida, donde tan sólo leí completos un par de libros, hasta donde recuerdo. La situación era distinta y había tantas cosas por conocer que me pareció más importante entablar amistades, aprender, divertirme, viajar, ver mi mundo desde fuera de mi mundo (en muchos sentidos).
Con el tiempo me he acostumbrado a recibir en ocasiones alguna mirada extrañada al verme inclinando la mirada para leer el libro que brincotea en mis manos, como todo yo. Ha sido todo un arte acostumbrarme a leer en el camión. Salvo contadas ocasiones, he sido el único en el transporte público que lee, aunque aquí también puedo ubicar a quienes leen el periódico, medio que es más común y coloquial pero importante para muchos en la formación de un hábito lector pues es primero un afán de informarse y luego entretenerse.

Bueno, todo esto al caso de que hoy iba con mi hábito diario, libro en mano y, de repente volteo a ver al resto de pasajeros, unos 6 a lo mucho pero, ¡cuál es mi sorpresa!, de esos seis, dos personas más, conmigo tres, se encontraban leyendo algo. No es mucho, dirán ustedes. Y no, estadísticamente no es muy significativo. Lo que me pareció curioso y me afloró una sonrisa breve fue sentirme parte de una triada de lectores en un medio poco habitual. Podrán imaginarse que no es antinatural ver a alguien leer un libro en un transporte público, pero sí es muy raro en realidad -al menos en mi ciudad-. Sentir esa comunidad como un gusto compartido es algo que me proporcionó un momento feliz.
En fin, es curioso, sólo quería decirlo
foto Reading on the bus de: serakatie