Escuché su grito. Fue lo último que brotó de su boca antes que la sangre. ¿Qué decir? ¿No era eso lo que ella quería? ¿No lo queríamos ambos? Una muerte chiquita, dulce, breve… eterna.
Le confesé todas mis perversiones, pero ¿cómo iba a saber… ? Lo sospechaba, sí. Cada día se descubre una nueva perversión que nos desborda un nuevo umbral de placer. Su placer era el dolor. Cada vez me pedía más. Yo, un niño temeroso de adentrarme en la habitación a oscuras, me siento incitado por la curiosidad que me arroja a tientas.
Su placer es mi placer. Su dolor es su placer. Su dolor es mi placer.
Rasgamos el umbral al unísono. Mientras más gozaba ella –al sufrir–, yo más gozaba también al verla sonreír, macabra. Ambos, adictos al placer, necesitando dosis continuamente mayores de serotonina, adrenalina y sudor recorriéndonos. Rasgamos, rompimos los umbrales de pasión y se nos nublaron los ojos. Corrimos ciegos sobre las nubes del éxtasis. Caímos juntos hacia un abismo. Un golpe seco y, ahí está: su último grito; después: la sangre.
Sade: ¿Cómo saberlo? No sospeché nunca ser uno de los tuyos. Ella me pidió que la amarrara, que la golpeara, que la usara. Yo, temeroso niño en un cuarto a oscuras, a tientas encendí la luz y lo que vi no me desagradó del todo. Cerré la puerta con cerrojo. Un golpe seco y, ahí está: su último grito. Fue lo último que brotó de su boca antes que la sangre.
as sido nominado para un MEME… checa mi blog de manik bebe
Rifa que te apellidas Perezchica. Tienes razón con eso es suficiente y que ambos dos (Ramonchis & yo) somos bien ñoños.
Que me importa.
Saludos tu.
saludos de nuevo, ya veo que tambien tiene blog jeje, llegue de puritita casualidad, chido, saludos desde ensenada cheers!!
ese le perez!!!