No ando muerto, ni siquiera ando de parranda (ya quisiera yo…). Ando, entre incubando cosas y perdiendo el tiempo. Ando, con un tanto de mutismo y otro tanto de reencontrarme y reubicarme…
Volver de un intercambio (y más como el que yo tuve) es un proceso difícil que no se digiere tan fácilmente como quisiera. Cosa de extrañar la experiencia y relativa libertad e independencia; cosa de extrañar a los amigos y la fiesta constante de sentirse un extranjero y reunirte con la cofradía de almas que, como uno, deambulan los rincones de la ciudad para exprimirle risas, felicidad y unos cuantos guiños de verdades.
Platicando con Anabelle le decía yo que me tocaba regresar a una realidad que siguió transcurriendo cuando yo no estuve y no es sólo eso, sino que no va a ser siquiera la misma que dejé. Es decir, muchas cosas que estaban cuando me fuí ya no son ahora. Ya soy un egresado de la carrera, viendo en qué ponerme a trabajar de ahora en adelante, a la par que termino los trámites para titularme.
Entonces, entre el intercambio, mi retorno (porque aceptémoslo: y no soy el mismo que se fue, en muchas cosas soy distinto y considero que para bien; en otras me falta madurar aún, pero estoy en ello) y el futuro que estoy planeando y empezando a construir… No es tan sencillo.
Cosa de agarrar el ritmo y comenzar, una vez más, a darle forma a los siguientes pasos.








