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grito

Escuché su grito. Fue lo último que brotó de su boca antes que la sangre. ¿Qué decir? ¿No era eso lo que ella quería? ¿No lo queríamos ambos? Una muerte chiquita, dulce, breve… eterna.

Le confesé todas mis perversiones, pero ¿cómo iba a saber… ? Lo sospechaba, sí. Cada día se descubre una nueva perversión que nos desborda un nuevo umbral de placer. Su placer era el dolor. Cada vez me pedía más. Yo, un niño temeroso de adentrarme en la habitación a oscuras, me siento incitado por la curiosidad que me arroja a tientas.

Su placer es mi placer. Su dolor es su placer. Su dolor es mi placer.

Rasgamos el umbral al unísono. Mientras más gozaba ella –al sufrir–, yo más gozaba también al verla sonreír, macabra. Ambos, adictos al placer, necesitando dosis continuamente mayores de serotonina, adrenalina y sudor recorriéndonos. Rasgamos, rompimos los umbrales de pasión y se nos nublaron los ojos. Corrimos ciegos sobre las nubes del éxtasis. Caímos juntos hacia un abismo. Un golpe seco y, ahí está: su último grito; después: la sangre.

Sade: ¿Cómo saberlo? No sospeché nunca ser uno de los tuyos. Ella me pidió que la amarrara, que la golpeara, que la usara. Yo, temeroso niño en un cuarto a oscuras, a tientas encendí la luz y lo que vi no me desagradó del todo. Cerré la puerta con cerrojo. Un golpe seco y, ahí está: su último grito. Fue lo último que brotó de su boca antes que la sangre.

Encuentro literario Tiempo de Literatura MXL 08

El viernes 16 de mayo, a las 8.30 p.m. en la Casa de la Cultura, tendré el honor de compartir escenario con:

2da. Mesa de lectura de obra. Luis Gastélum (Tj.), José Ramón Agúndez (Mxl.), Nylsa Martínez (Mxl.), Askari Mateos (Oax.), Rosa Espinoza (Mxl.), Oscar Hernandez (Mxl), Claudia Solórzano (Tj.), y Eduardo Perezchica (Mxl.). Con la participación de La Marcha Show Flamenco y Pura Pulpa.

Espero puedan acompañarnos en esta y el resto de las actividades del encuentro.

Un saludo.

Hola a todos. Quiero compartirles la convocatoria que desde Literatura Libre estamos realizando para antologar a artistas y creadores en artes literarias y visuales que participen bajo la técnica “cadáver exquisito”. Los detalles, más claros y certeros, a continuación:

Literatura Libre, blog literario y proyecto editorial, convoca la creación colectiva de obras de carácter literario, visual o mixto que surjan a partir de la técnica “cadáver exquisito“. Ello, con la finalidad de antologar en un libro electrónico (e-book) y en una edición impresa limitada, las creaciones de todos los participantes. Por ello, convocamos a

Autores y creadores en artes literarias y visuales para su participación en la Antología

El cadáver Exquisito:

la creación colectiva como fin

Como parte de nuestro perfil como Proyecto Editorial comenzamos con esta primer convocatoria encaminada a promover la creación artística, abriendo la convocatoria a expresiones no sólo literarias, sino también visuales. Esperamos poder editar un e-book que antologue a todos aquellos interesados en el arte literario y visual que hagan eco de la técnica propuesta.

Banner de la convocatoria cadáveres exquisitos de Literatura Libre

Para conocer las bases completas de la convocatoria pueden revisar la nota oficial directamente en Literatura Libre, o descargar el archivo pdf que las contiene y, claro está, hacer eco de ella en sus blogs y sitios personales, comunicarlo por todas las vías que consideren necesarias para llegar a todos los interesados.

Así que ya saben, anímensen y participen :)

En la XII edición del Premio Mario Vargas Llosa NH de relatos se ha incluido un premio especial para aquel relato más votado por los internautas y me he animado a participar, en principio para ver el funcionamiento y cómo se desenvuelve el público ante una iniciativa de este tipo. Además para probar suerte, claro está, en un concurso (chance es chicle y pega). El proceso consiste en poder leer los relatos de todos los participantes y, si nos gustan, apoyarles con nuestro voto, siendo ganadores aquellos con más votos. Tan simple como eso. Ya hablé un poco más a detalle respecto al concurso en esta entrada de Literatura Libre. Puedes votar un máximo de 5 relatos desde este momento hasta el 15 de febrero. Así que la invitación que en estos momentos hago no es tan sólo para leer mis participaciones y, si les gusta, apoyarme con su voto; sino también para poder votar aquellos relatos que están participando. La decisión es suya.

Entonces les comparto las direcciones para que puedan leer los escritos con los que participo y, si realmente les gustan, gastar uno de sus votos en ellos. Los relatos son:

  • En fuego, el cual leyeron anteriormente aquí, y
  • Silencio, un relato hasta este momento inédito, el cual sólo ha salido a la luz en una lectura hace mucho tiempo.

Espero se den la vuelta por allá y apoyen con su voto aquellas propuestas que les parezcan merecedoras de ganar el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos 2007.


Imágen Vieja máquina de escribir de Gonzalo Barrientos

Como parte de la serie de cambios en que está entrando este blog y, a su vez, como respuesta a la relativa poca producción que he tenido en cuanto a literatura propia en los últimos meses, he decidido experimentar con Twitter.

¿Cómo que twitter? ¿Qué es eso? ¿Por qué twitter?

Twitter es “un servicio de redes sociales y MicroBlogging que permite a sus usuarios enviar mensajes de sólo texto, con una longitud máxima de 140 caracteres…“. Entonces, básicamente el servicio te pide que respondas a una pregunta: What are you doing?/¿Qué estás haciendo?… pero como a mí me da reverenda hueva (la verdad) andar escribiendo a cada rato que estoy escribiendo a cada rato que estoy escribiendo a cada rato… osea, hay cosas mejores por hacer… por ello, inspirado en la iniciativa de Rafa Saavedra con su twitter Microtxt, y a la interrogante lanzada en su momento por Abrelatas acerca de si no sería mejor responder a la pregunta What are you thinkig?/¿Qué estás pensando?, a partir de estas cosas decido incorporar a twitter a mi creación y no al revés, usar a twitter como medio incorporado en éste blog para ir actualizando con mayor vehemencia aquellos breves pensamientos y líneas de microrrelatos, un poco a la usanza de la propuesta Magín.

 

Desde hace unos momentos, en el sidebar de su izquierda podrán ir viendo las más recientes actualizaciones en cuanto a la micronarrativa que trataré de ir creando… con pretenciones distintas de inicio a la de Microtxt y a Magín, pero con la intención final de la creación y contar historias… no importa su extensión.

Espero estén pendientes.

Literatura Libre LogoHace un poco les comentaba acerca de un blog literario que recién comenzamos a trabajar unos amigos y su servidor: Literatura Libre, el cual forma parte de la red Blogurbania de Miguel Romero (aka. Mikel Tripulante) y en el que colaboran un grupo de escritores que quizá ya conozcan. Perspectivas desde distintos puntos de la creación y consumo de la literatura. Incluso desde distintos puntos geográficos dentro y fuera de México.

Es un proyecto que va tomando forma y a partir del cual buscamos crear una comunidad que no sólo hable de la literatura y lo que hay en torno a ella, sino también crear y reflexionar, difundir las creaciones de otros (principalmente de autores noveles).

La definición “oficial” se resume en lo siguiente:

Literatura libre es un blog dedicado a la crítica y reseña literaria, autores, libros, géneros literarios y poéticos, además se destaca por la opinión de sus participantes, las discusiones que se generan, y el arte que se produce.

 

Literatura libre a su vez es un proyecto editorial, que tiene como finalidad primordial difundir ideas y trabajos literarios originales, de este modo se pretende, además de tener una revista mensual (que se podrá descargar gratis en la zona de descargas), la idea es imprimir obras originales de los autores que participan, así como antologías y demás proyectos que puedan ir surgiendo.

 

Además, con este afán de crear comunidad no limitamos la incorporación de nuevos colaboradores, aún más si ellos traen nuevas perspectivas, ideas e inquietudes en torno a éste que es un fin común. Si te gustaría ser participe de este proyecto, puedes hacerlo, ya sea con colaboraciones ocasionales o integrándote al equipo de escritores. Escríbenos un correo con el asunto: “Quiero participar en Literatura Libre” a la dirección de correo electrónico: portafolioeditorial [@] gmail.com. Para más información dale una leída a éstas indicaciones.

Dentro de los autores que hoy conforman el equipo de Literatura Libre se encuentran: Nylsa Marínez Morón, Allan Albarrán, Bigollo, Mario Bogarín, Carlos Humberto Quintero, Miguel Romero y su servidor, Eduardo Perezchica.

Les invito a estar pendientes de lo que en este nuevo blog se está gestando

y a sumarse a ésta iniciativa.

 

(foto: Sergio Higuera)

¿Por dónde comenzar? Quizá contándoles todo, desde el principio de todo, de todo esto.

Caminaba rumbo a dónde sea, con el ánimo de no llegar a ningún lado. Vagando, paseando el ocio y la incertidumbre en los bolsillos y, tras unos pasos en la calle que no importa, a punto de tropezar con algo que no interesa, me topo con esta mujer (la de la fotografía) quien me busca un poco hasta toparse con mis ojos que la veían discretamente y que en aquel momento escapan a su mirada. No le entiendo sus intensiones, así que sigo derecho, derecho, derecho… aquí no ha pasado nada.

Ella, alcanza a ver mi cuerpo en plan de huida. Dispara un par de palabras, unas cuantas oraciones para envolverme en algo de lo que no tengo idea. Volteo, apenas para verla ahí, haciéndome propuestas indecorosas de todo tipo, usando expresiones que yo antes sólo había escuchado en personajes y en libros de los cuales no tengo buenas referencias por su contenido tan contaminante a mi frágil consciencia. ¿Qué tipo de mujer es ella? ¿Qué es lo que le anima a utilizar palabras que no se conjugan así, de esa vil manera, sin perjudicar a la lengua, a nuestras ideas, a mi sensibilidad? ¿Qué afán de remover escombros de mi mente? [Nadie sabe de los escombros en mi mente].

Lo bueno es que un amigo me acompañaba. Quedó perplejo al igual que yo. Sólo atinó a tomar esta fotografía como prueba en su contra, mientras yo quedaba desconcertado tratando de encontrarle sentido a todo. No quise saber más, ni qué habría sido de ella. Seguramente la recluyeron en un psiquiátrico; a veces da pena ajena encontrarse a gente por la calle que aún piensa así. ¿En qué mundo vivimos? Por Dios…

La imagino recorriendo los largos pasillos del psiquiátrico, pensando que al llegar al final de su recorrido habrá de encontrarme. Lástima; a veces me siento mal. A veces siento que quizá, en algún lugar de mi mente, cabría lugar para aquellas perversiones propuestas y que, de ser así, habría encontrado a la mujer de mi vida y estaría ella, ahora, cual Penélope, esperando mi llegada y yo, con ánimos de ir a buscarla pero dudando. O tal vez no, ¿y si está con alguien más? después de olvidarme inmediatamente, de desprenderse del cruel recuerdo de éste tipo que la trató así.

 

[La justicia no está del lado de los justos, sino de quienes la acariciamos lo suficiente –me dijo algún Don Nadie–: es una gatita que ronronea en los pies de los que la alimentan y que saben tenerla domesticada, con la suficiente hambre para que vuelva de mañana, al salir el sol, para ofrecernos una sonrisa.]

 

He sentido pena, tan sólo que ahora no sé si es por ella o por mí mismo. Hace ya más de un año… calculo que el tiempo ha seguido transcurriendo sin importarle que mi mente se mantenga detenida en el recuerdo de aquel momento, cuando la flaqueza, el miedo y la impaciencia me robaron la oportunidad de brindarme una oportunidad ahora perdida, parecer ser.

Desde entonces ha sido una búsqueda constante por la zona centro de mi ciudad, por todos los a dónde sea con el mismo ánimo de no llegar a ningún lado, para ver si encuentro una mujer que me haga las mismas propuestas que aquella amable mujer a la que no supe apreciar, por la que ahora paso noches en vela en que se me acumulan perversiones como las propuestas, por si algún día tengo la suerte de encontrarle. No importa que fuese en otro cuerpo, con otro sabor en la carne, sólo importa que en el fondo sea ella un espejo donde pueda realmente verme tal cual soy: perverso.

Por desgracia, todas las mujeres que en algo se han acercado a ella –al menos en apariencia– no me proponen nada, al contrario, me piden algo, lo mismo todas ellas: dinero, obediencia, que me deje domesticar y que, al terminar, me vaya lejos –con mi cuerpo o sin mi cuerpo–. Qué más da, el amor lo buscarán en otra parte. No es en ellas, no. No es en ellas en quienes podré encontrarte, si en ellas no me encuentro, sólo me pierdo y estoy harto de engañarme.

Me ha sido imposible hallarte, ¿dónde te he dejado? Te he rastreado recorriendo los pabellones del psiquiátrico tan vehementemente que me han confundido con un interno, y me he dejado confundir. No importa que me aten, que me maltraten, que me curen de enfermedades mentales que no tengo, pues la única que tengo habrá de curarse al encontrarte, en ese preciso instante. Necesito estar por aquí un poco más de tiempo, reconocer todos los lugares: subirme a la copa de los árboles y buscar cualquier rastro de ti. Acepto que tu recuerdo se ha nublado en mi mente y que puede que sea incapaz de reconocer tu rostro entre una multitud o viéndote de frente. Hoy, después de todo esto, estoy buscando tan sólo, sin saber a ciencia cierta ya, qué es precisamente lo que espero encontrar. En el fondo, todo empezó por evitarte, evitar impregnarme de tus perversiones, para luego reconocerme y encontrarme, dejar que emergieran en mí las perversiones que había reprimido y que, paulatinamente, se han sublimado.

Ninguna de ellas me ofrece nada a cambio más que el simple y llano contacto carnal. La mujer que yo busco –tú–, me insinúa un abanico de posibilidades, imposibles antes, ciertas contigo. Es por eso que me desespera no recordar tu rostro: el de la fotografía no pareció ser nunca el que recordé al principio y que terminé olvidando, pero que hoy frenéticamente persigo descifrar raspando en los resquicios de mi memoria.

Una de estas mujeres, déjame contarte, se atrevió a decirme que si le llegaba al precio me llevaría al cielo. –¡¿Qué?! Disculpe, ¿ha dicho usted bien?–me desconcertó, y hasta cierto punto logró enfurecerme su inverosímil propuesta. El resto de su parloteo terminó por dar sentencia a su tipo de mujer (que no sé bien qué tipo de mujer sea, la verdad). Pero, a la vez, sus murmuraciones incoherentes me embarcaron en una más de las preguntas que hoy alimentan mi retórica mientras los encargados del psiquiátrico me amedrentan con un poco de imágenes inconexas y electroshocks semi-imperceptibles: ¿Quién le ha dado a ella el permiso de ponerle precio a algo que no le pertenece?

[Malditos y benditos los poseídos por la ignominia.]

Últimamente ya no busco nada, he dado por perdido aquello que me ofrecieran en aquel lugar:

– Oye –me dijiste–, si tu me dejas, soy capaz de abrazarte y besarte. Te ofrezco dejar que me mires y mirarte. Te ofrezco dejar que me toques y tocarte…

– Es lo mismo que me ofrecen todas –contesté–. Sólo que todas pactan distinto.

– Yo no soy una de todas –dijiste–. Yo te ofrezco sin pedirte nada a cambio. Te ofrezco mirarte y que tengas la certeza de que al hacerlo mis ojos y mi mente están contigo, en cada momento. Te ofrezco tocarte de tal manera que puedas darte cuenta que no podría ser de otra forma: te estaré tocando a ti, hombre, sabrás que no habrá más nadie a quién quiera acariciar y arañar, morder y besar. Sabrás que será sólo a ti, y a cambio, hombre, a cambio te pido nada.

 

Me dejaste atónito ante tu oferta.

– No puedo creerte, mujer, no trates de engañarme –y, sin darte oportunidad de decir más nada, retomé el camino hacia algún lado, con mis pasos más decididos que antes y con el tambaleo en mi cabeza negándose a creer: “y a cambio te pido nada” … ¡Qué barbaridad!

 

[– ¡Vaya que me ha querido ver la cara de idiota! –digo para mí mismo–.
Y eso que hoy salí con mis mejores máscaras, las impecables que siempre funcionan.]

Terminé, progresivamente, equiparando tu recuerdo al rostro de una loca, al igual que a tus propuestas que sonaban obscenas, por absurdas, las vi perversas en su trasfondo… Hoy, hoy quisiera que esa perversión me consumiera. Ojalá hubiera hecho una excepción; uno nunca sabe dónde encontrará el amor, uno no puede –ni debe– negarse nada más así, sin más.

Es tarde para corregir mi error, mi idiotez. Y, aquí, en el mismo pabellón donde te espero encontrar todos los días, arrepentido de mi estupidez, confío en que la esperanza sea perenne y en que en algún momento vengas a buscarme. Ojala mi rostro no se haya borrado en tu memoria. Espero verte llegar un día. Estoy dispuesto a ofrecerte todo, y a cambio, corazón mío, a cambio te pido nada… nada.

José Eduardo Perezchica Vega

(Original: 25 de julio de 2005; ésta versión: 24 de junio de 2006).

VI

Escribir es como rezar: si no es por convicción, no es más que balbuceo. Me arrepiento cada vez que hablo y no digo nada, el problema es que las palabras no vuelven más, ni son secretas, no son confidencias; son la baba fluorescente que nos escurre de los labios y se nos unta en la piel.

Me estoy volviendo redundante en mis ideas. Hablo siempre de lo mismo. Como hablar sobre escribir, sobre ella, sobre lo que pienso y me arrepiento, sobre lo que no me atrevo y sobre lo que me he atrevido, que en realidad no es mucho. Si la vida fueran éstas letras, ¡qué distinta sería la vida!. Pero no hay quién la escriba, ni yo mismo. Mis decisiones son sólo un soplo que orienta la tinta que escurre hacia los puntos que quiero alcanzar.

Hablo del silencio porque pienso que escribo. Relato a mí mismo lo que me pasa cada día, y a veces plasmo lo significante. Si comparo lo que pienso con lo que escribo, ¿a esto se reduce mi vida?

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V

Tan sólo un día y ya tengo ansias de expresar. ¿Sabrán que escribo? ¿sabrán qué escribo? ¿se me notará en el rostro, en los ojos? ¿o será que piensan que yo también me callo a mí mismo lo que pienso, lo que de veras pienso?. ¡Já!, como si yo nunca me callara, como si siempre estuviera en diálogo conmigo mismo, ¡qué hipocresía!, creer que un acto te convierte en experto. ¡Bah!, lo que siempre repudio se me vuelve característica. Me proyecto. No me conozco tanto hablando conmigo, porque entre todas mis facetas me engaño, me confundo, es en el diálogo con los que me conocen que descubro la verdad, que cambio, aprendo, retrocedo, avanzo y me transformo.

¿Pa’ qué quiero compartir mis secretos?. Codificados, ocultos entre mentiras que fueron disfrazadas de verdades, en historias que son juegos de palabras, de ideas, recuerdos y castillos de cristal. ¿Soy lo que pretendo? ¿lo que oculto, mis secretos? ¿la verdad que desconozco, que olvido, niego? ¿o lo que comprendo e intento? ¿o no intento?, no sé. Nunca sé nada.

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IV

6:00 de la mañana y la luna sigue ahí, brillando, erguida, con todo su rostro pleno, el sol de frente y sin hacerse menos.

Un poco de pensar en escribir. Vaya, ¡hasta dónde he llegado!, ya no es la intención sino el acto lo que me mueve; si va a ser así, mejor no escribo. Se me va pasando la euforia de las palabras, se va pasando a segundo término, tendrá que haber un nuevo lapso de incubación. Ya no hay larvas; algunas no fueron más que gusanos.

6:30 de la mañana y la luna se va perdiendo entre el gris del cielo y el reflejo del sol. Habré de decirle adiós por un mes entero. A esto y a tantas cosas.

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III

Ahora que pienso y me detengo, porque debería estar leyendo lo de la tarea y ni siquiera lo he sacado de la mochila, me detengo y analizo qué me preocupa. A mí, por lo general, me preocupa todo, sólo que pocas veces hago algo sino hasta que es importante hacerlo. Pienso un poco en que me siento solo, en que el amor y el dolor son una droga, en que escribir a veces me brinda dosis de ambas, aunque después, sólo después, me doy cuenta de las razones ocultas que tuvo mi mente para conjugar esas palabras. Por eso pienso que me siento solo, porque no busco solución. ¡Chingados!, me acuerdo de Erich Fromm, dice que el hombre busca el amor por su sentimiento de separatidad con el entorno. Creo que en algún momento siento más miedo del vacío, que nostalgia de la ausencia, es decir, a veces no es quién me falta a quien extraño, sino que es el que me falta alguien lo que me hace sentirme inseguro, y la inseguridad a veces me nubla la vista.

Estando a unos metros de ella, a unos pasos, a una mirada, no la extraño. Es por las noches, caminando, cuando estoy solo, que más se me viene a la mente el sentimiento que me daba estar a su lado, porque al fin y al cabo me acuerdo de uno que otro beso, de dos o tres abrazos, pero ése sentimiento aún persiste. Eso, creo, ha sido lo más importante de esos días. Por eso, en ocasiones quisiera un abrazo o un beso pa’ volver a sentirlo, aunque sea falsamente.

Hablando de verdades universales, algunas de mis verdades universales no son lo que parecen, llegan a serlo y continúan siéndolo, pero sólo algunas de ellas. Aplicándolas a mi nueva realidad, a ésta realidad, a éste pensamiento de creer firmemente en lo que pienso, sin arrepentirme, aún sabiendo que he de hacerlo, sabiendo que estoy mal (ya sea socialmente o por incongruencia con mis actos), lo que pienso es eso y más, es una representación de lo que vivo, con todas las características de lo que he tomado en cuenta. Por eso me he dado cuenta de que algo de lo que he escrito no ha sido cierto del todo, ha sido más una recriminación a mí mismo que a cualquier otra persona.

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II

Otra vez, tomo la pluma y escribo, porque ayer no pude, tenía tantas cosas en la mente de las que no quería escribir, de las que preferiría ni pensar.

Se va llenando el camión en el parque industrial y decido mejor dejarlo, este día siento pena, no porque me dé vergüenza, sino porque si alguien me mira y pregunta –o se pregunta–, pues ¿pa’ qué?, de todos modos no quiero, si me obligo a usar la pluma hablaría de cosas de las que no quiero hablar, cosas que ni al caso.

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